Desde luego estamos de acuerdo en que haya este tipo de paneles o de encuentros televisivos, en donde los candidatos a la presidencia expongan su posición y sus puntos de vista, para mejorar las condiciones de nuestro país y ver la capacidad de cada uno de ellos de plantear los problemas serios y de tratar de resolverlos.

En días pasados pudimos observar la exposición rígida y cortada de los cuatro aspirantes: Peña Nieto, Josefina Vázquez, López Obrador y Gabriel Quadri. Dentro de un esquema de discusión con poco tiempo y muy encasillado sin permitir a los ponentes que tuvieran agilidad para expresar sus opiniones o la defensa a los ataques, de una manera más clara y concisa, el panel resulto muy encuadrado quitándole libertad a los ponentes que en su mayoría no plantearon seriamente los problemas del México actual y menos las propuestas que irían en la transformación y crecimiento de nuestro país.

Después, de dicho evento el público en general y los analistas se preguntaban quien gano. Pero esta referencia se hacía al más brillante, al que supo defenderse mejor y no al que realmente presento los objetivos de desarrollo de un México futuro. Por lo tanto nuestra opinión es que hubo un empate frio y decepcionante pues no llegaron al objetivo que se había previsto con este debate. Volvemos a comentar que son buenas estas participaciones pero que los elementos estructurales no funcionan y no dan paso a que se expresen los problemas serios que condicionan la actual situación mexicana.

Brevemente, los expositores se referían a que uno de los principales problemas de México es el campo. Nos da la impresión que el único que conoce en parte los problemas del campo es López Obrador, que como un apóstol, ha recorrido gran parte del país hablando con la gente.

Es cierto que entre muchos otros problemas, el problema del campo es primordial, y allí están las encuestas presentadas por ellos mismos del aumento de la pobreza en los sectores marginados, ya sean citadinos o de zonas agrícolas rurales o indígenas.

La demostración de este aspecto es que la mayoría de los campesinos e indígenas no se vieron reflejados, como siempre, en los análisis de los intelectuales y de los presidenciables. Es una lástima esta situación que se repite cada sexenio o en cada espacio que se habla de los problemas de México, induciendo la importancia del campo, pero se quedan en puras expresiones cargadas de un sentimentalismo pero sin proyectos o voluntad política de transformar esta situación.

La ausencia de este interés por tratar en serio el problema del campo se expresa en dos polos opuestos: por un lado las altas cúpulas gubernamentales, de la iniciativa privada y de los poderes facticos, sus intenciones son mantener el campo como está, para que no haya una clara exigencia de sus demandas y por otro lado explotar sus recursos naturales y mantener el grado de pobreza de grandes sectores agrícolas que pueden ser muy productivos. Pero por otro lado los mismos campesinos como indígenas y sectores marginados se siguen acostumbrando a recibir apoyos económicos y materias primas para seguir conservando una cierta productividad, que solamente les da para vivir en grados ínfimos de pobreza. Esta costumbre se va incrementando pues, estos sectores reciben dinero a cambio de nada, no pagan impuestos ni sus actividades productivas crecen o al menos no tienen un cierto impacto en sus comunidades.

Metidos en estas breves reflexiones nos avergüenza el desinterés de los presidenciables que hablan de la preocupación del campo, pero no mueven un solo dedo para implementar una política de desarrollo eficiente y claro que supere esta larga tradición de desgracia y abandono en el que han vivido estos sectores marginados sobre todo los indígenas.

 

Equipo coordinador de Uarhi

Mayo de 2012

 

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